Pochoclo para el microondas – Nota en Clarin

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emprendedores MARLOM’S Un joven de 19 años trajo a la Argentina el sistema de bolsitas que permite que el popcorn esté listo en dos minutos. Llega a todo el país a través de varias bocas de distribución y venta.


Nota en diario Clarín, 9 Agosto 2015

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Pochoclo en Buenos Aires, pororó en Córdoba o palomitas de maíz, que es como los mexicanos traducen “popcorn” en los doblajes. Asociado a las infancias de los mayores y, en el caso de los más chicos, al cine donde se comercializa en baldes con ingentes cantidades de azúcar, es poco sabido que éste es uno de los snacks más saludables que hay, debido a las cualidades del maíz pisingallo con que se elabora, que, por caso, no tiene gluten.

En 1998, Cristóbal Koefoed, que acababa de terminar la secundaria, concibió la idea de traer al país una forma de preparación que por entonces sólo se veía en la tele: el pochoclo que viene en una bolsa que se mete en el microondas y sale listo para comer. Su tío le pagaba un “sueldo” para que se mantuviera mientras encontraba su rumbo laboral; y él lo invirtió en comprar los “fierros” para fabricar su primera máquina. Al año siguiente, Marlom’s –tal el nombre de su producto–ya estaba en los locales de la ahora extinta Blockbuster, la cadena de alquiler de videos.

“Esa fue nuestra primera carta de presentación masiva”, evoca Alejandro Dodds, que se incorporó a la empresa en 2005 y es gerente comercial, “lo que nos permitió entrar a Coto y a Carrefour.” Y mediante ésa y otras cadenas locales, llega a todo el país.

Así fue como Marlom’s pasó de ser un taller improvisado en un garage con sólo un operario a su actual planta en Beccar (provincia de Buenos Aires), con ocho empleados. “En un momento dado había unos players extranjeros que hacían lo mismo que nosotros y que también estaban en las góndolas”, cuenta Dodds, “Pero se fueron en 2002 y no volvieron porque, en principio, nuestros precios son muy competitivos: preferimos un margen muy bajo para enfocarnos más en el volumen. Pero, además, creo que ellos nunca se adaptaron al gusto argentino”.

Por eso, asegura, cuando compartían góndola siempre les ganaron. “Acá al pochoclo dulce le ponemos azúcar, y al salado lo hacemos con manteca, pero en el exterior le ponen mantequilla, que es más parecida a una margarina”, explica. La línea de Marlom’s se completa con los sabores manteca light, natural y queso.

“Tratamos de asociarlo con el consumo de cerveza, y para eso tiene muchas condiciones”, afirma Dodds. “El argentino asocia más el snack con la papa frita envasada; pero lo nuestro es más barato y novedoso; podés tenerlo guardado, prepararlo en dos minutos y servirlo caliente en la picada, para mirar un partido o cuando quieras”.

Insumo clave Siendo el ingrediente principal tan sencillo, el “verdadero” proceso de la planta es el envasado y el principal insumo, las bolsitas, que se importan de los Estados Unidos. “Son un multilaminado de varias capas para cumplir diversas funciones: impermeabilizar –porque el aceite, si bien llega en estado de pan, con el calor se hace líquido–; que el papel no se queme en el horno; que el calor se distribuya parejo en todos granos…”, enumera el ejecutivo. “Intentamos fabricar las bolsitas acá, pero no se pudo, porque el único cliente seríamos nosotros y porque el costo de las máquinas no se amortizaría nunca”.

El hecho de exportar a Uruguay ayudó bastante a la firma a prevenir problemas de abastecimiento con las bolsitas, aunque Dodds reconoce que últimamente la importación no está resultando fácil. Pero nunca le pasó quedarse sin bolsitas.

En 2011, el fundador incorporó como socios a dos amigos, con el fin de desarrollar otro producto: Smookies, galletitas para bebés, que se lanzaron el año pasado. “Esta incorporación también nos permitió mejorar costos, porque antes hacía todo yo solo”, indica Dodds.